La inteligencia artificial ya puede recomendar qué comprar, comparar precios o encontrar productos. El siguiente paso es bastante más ambicioso: darle autorización para que también pague por ellos.

Esa tecnología ya comenzó a probarse en Chile. Seis bancos presentes en el país realizaron transacciones reales utilizando una infraestructura de Mastercard que permite a agentes de IA ejecutar pagos en representación de una persona, siempre bajo condiciones previamente autorizadas por el usuario.

Es parte del denominado comercio agéntico, un modelo en el que la IA puede encargarse de distintas etapas de una compra —buscar, comparar y finalmente pagar— sin que el usuario tenga que intervenir en cada paso.

Eso no significa, al menos por ahora, que los clientes de esos seis bancos ya puedan pedirle a una IA que salga de compras por ellos. Mastercard no identificó a las entidades que participaron en las pruebas ni anunció cuándo esta tecnología podría estar disponible comercialmente en Chile.

¿Cómo puede una IA comprar y pagar por ti?

La idea no consiste en entregarle a un agente de inteligencia artificial acceso sin restricciones a una tarjeta bancaria.

El usuario establece previamente las reglas bajo las cuales puede actuar. Por ejemplo, podría definir un presupuesto máximo, una categoría de productos o determinadas condiciones que deben cumplirse antes de concretar una compra.

A partir de esas instrucciones, el agente puede encargarse de tareas que actualmente requieren varias acciones por parte de una persona: buscar productos, evaluar alternativas y realizar el pago cuando encuentre una opción que cumpla con lo solicitado.

Para hacerlo posible, Mastercard desarrolló Agent Pay, una infraestructura orientada específicamente a este tipo de operaciones.

La tecnología utiliza los denominados Agentic Tokens, que buscan evitar la exposición directa de la información financiera durante el proceso. También incorpora mecanismos para registrar el consentimiento y autenticar al usuario mediante payment passkeys, incluyendo autenticación biométrica.

El control sigue estando en manos del usuario

La autonomía que pueden alcanzar estos sistemas convierte a la seguridad en uno de los principales desafíos del comercio agéntico.

A diferencia de pedirle a un chatbot que recomiende un computador o encuentre un pasaje barato, autorizar a una IA para gastar dinero tiene consecuencias financieras reales.

Por ello, la infraestructura planteada por Mastercard combina tokenización, consentimiento y autenticación. El agente solamente debería poder operar dentro de los límites previamente establecidos por la persona.

“Durante años usamos la inteligencia artificial para ayudar a las personas a decidir qué comprar. Hoy estamos dando el siguiente paso”, señaló Thiago Dias, Country Manager de Mastercard Chile, quien agregó que la compra debe ejecutarse de forma segura y bajo el control del consumidor.

¿Dejarías que una IA compre por ti?

Aunque puede parecer un cambio considerable frente al comercio electrónico actual, una parte importante de los consumidores estaría abierta a probarlo.

Estudios de Mastercard citados en el comunicado indican que el 50% de los consumidores estaría dispuesto a delegar determinadas compras a un agente de IA cuando existan reglas de gasto previamente definidas.

La proporción superaría el 60% entre madres y padres con poco tiempo disponible.

Las expectativas alrededor de este mercado también son altas. Estimaciones de firmas de análisis recogidas por Mastercard proyectan que el comercio agéntico podría crecer a una tasa anual del 66% y alcanzar un valor mundial de US$1,7 billones en 2030.

Las tiendas también tendrán que prepararse para venderle a una IA

El cambio no afectaría solamente a quienes compran. Si los agentes comienzan a tomar decisiones de compra, las tiendas en línea también tendrán que asegurarse de que sus productos puedan ser encontrados, interpretados y comparados por máquinas.

Mastercard apunta a herramientas como Agent Toolkit y a protocolos abiertos como MCP para facilitar que los agentes puedan comprender los productos y servicios disponibles en internet.

En un escenario de este tipo, una persona podría simplemente indicarle a su agente qué necesita, cuánto está dispuesta a gastar y cuáles son sus requisitos. La IA podría encargarse del resto: buscar, comparar alternativas y pagar cuando encuentre la opción adecuada.

Las pruebas realizadas con seis bancos presentes en Chile muestran que esa idea ya comenzó a trasladarse desde el concepto hacia transacciones reales. Sin embargo, todavía queda una pregunta fundamental antes de que pueda convertirse en algo cotidiano: ¿cuánta autonomía estaremos dispuestos a entregarle a una inteligencia artificial cuando sea nuestro dinero el que está en juego?