Meta quiere que su nueva inteligencia artificial deje de ser simplemente un chatbot. La compañía tiene planes mucho más ambiciosos para Muse, su agente personal de IA: quiere que pueda encargarse de tareas cotidianas, revisar servicios que utilizas, ayudarte con tus finanzas, realizar compras e incluso trabajar mientras no estás mirando la aplicación.
Pero para conseguirlo necesita algo importante: que le permitas conocer cada vez más aspectos de tu vida digital.
Ese dilema quedó en evidencia durante una prueba realizada por TechCrunch y posteriormente analizada por sus periodistas en el podcast Equity. Muse logró encontrar dinero no reclamado a nombre de uno de ellos, demostrando de manera bastante concreta qué puede hacer un agente cuando tiene acceso suficiente para actuar en nombre de una persona.
El problema aparece cuando esa experiencia deja de ser una curiosidad y se intenta convertir en algo cotidiano.
De encontrar dinero a revisar tus tarjetas
Sean O’Kane, periodista de TechCrunch, probó Muse después de que el agente le sugiriera buscar fondos no reclamados a su nombre. Y funcionó: encontró dinero que probablemente nunca habría buscado por cuenta propia y ahora espera recibir un cheque.
La experiencia, sin embargo, tuvo un límite.
O’Kane describió esa función como una especie de “truco de fiesta”: sorprendente la primera vez, pero difícil de repetir constantemente. Para que Muse resulte útil todos los días necesita avanzar hacia terrenos bastante más personales.
Meta quiere que su agente pueda conectarse con servicios como correo electrónico, calendarios y pagos, además de aplicaciones relacionadas con compras, salud, fitness, hogar inteligente, música y otros ámbitos de la vida cotidiana.
La compañía también anunció durante Meta Connect nuevas integraciones para Muse. El agente llegará a los lentes inteligentes de Meta, podrá operar aplicaciones en Mac, tendrá su propia dirección de correo electrónico y sumará conexiones con servicios y tiendas para realizar tareas y compras por cuenta del usuario.
Ahí aparece la pregunta inevitable: ¿cuánta información estamos dispuestos a entregarle a Meta para que su IA sea realmente útil?
El problema de confianza de Meta
Para cualquier agente de inteligencia artificial, acceder a información personal supone un desafío de privacidad y seguridad. Pero en el caso de Meta existe además un historial que inevitablemente entra en la discusión.
Facebook fue sancionada por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) con US$5.000 millones en 2019 por violaciones relacionadas con la privacidad. A ello se suma el caso Cambridge Analytica, donde datos de millones de usuarios de Facebook fueron recopilados por terceros sin su consentimiento. TechCrunch también recuerda otros conflictos regulatorios y judiciales que han acompañado a la compañía durante los últimos años.
Ese historial ayuda a explicar por qué la confianza se ha convertido en uno de los principales interrogantes alrededor de Muse.
Durante su prueba, O’Kane aseguró que inicialmente le sorprendió que la aplicación no incorporara inmediatamente información procedente de Facebook, Instagram o Threads. Según relató, Muse comenzó interactuando con él prácticamente como si fuera un desconocido.
Eso hizo que estuviera más dispuesto a probarlo.
La situación cambia a medida que el usuario conecta servicios y entrega contexto al agente. Y es precisamente ese contexto el que permite que Muse pueda hacer más cosas.
Meta asegura que Muse no comparte tus conversaciones con su sistema de anuncios
Meta, por su parte, ha intentado responder anticipadamente a esas preocupaciones.
La compañía asegura que Muse funciona dentro de una máquina virtual dedicada denominada Muse Secure VM y que las credenciales se almacenan de manera que el propio agente no pueda leerlas. También sostiene que determinadas acciones sensibles —como enviar correos o realizar compras— requieren autorización del usuario y quedan registradas para que puedan ser revisadas posteriormente.
Hay otro punto especialmente relevante considerando el modelo de negocio de Meta: la empresa afirma que las conversaciones y los datos de Muse no son compartidos con sus sistemas publicitarios.
Son garantías importantes, aunque su eficacia deberá evaluarse a medida que el servicio sea utilizado por más personas y analizado por investigadores independientes.
Una apuesta distinta a la de sus rivales
La estrategia también muestra una diferencia respecto de buena parte de la carrera actual por la inteligencia artificial.
Mientras otras compañías están concentrando una parte importante de sus esfuerzos en herramientas profesionales, programación y clientes empresariales, Meta está explotando una ventaja que conoce bien: los consumidores.
Facebook, Instagram y WhatsApp ya forman parte de la vida cotidiana de miles de millones de personas. Meta ahora intenta trasladar esa presencia hacia una inteligencia artificial capaz no solo de conversar con ellas, sino también de actuar por ellas.
Mark Zuckerberg dejó clara esa ambición durante Connect 2026. Muse fue presentado como una pieza central de la estrategia de IA de la compañía y Meta espera llevarlo progresivamente a diferentes dispositivos y servicios.
La apuesta parece estar consiguiendo atención. Según estimaciones de Sensor Tower recogidas por TechCrunch, Muse superó los 3,4 millones de descargas tras su lanzamiento del 8 de septiembre, aunque otras firmas de análisis entregan cifras diferentes.
La pregunta ahora no es solamente si Meta puede construir un agente suficientemente inteligente.
Para que Muse cumpla la promesa de administrar una parte significativa de nuestra vida digital tendrá que conocer nuestros correos, calendario, compras, preferencias y, eventualmente, información financiera.
Y eso convierte la confianza en algo más que un problema de imagen para Meta: puede terminar siendo una condición necesaria para que Muse funcione como la compañía imagina.










